Menos banderas, más hombros para no llorar, sino para juntarnos.
En días (que vaya días por cierto) que se enarbolan banderas de España por unos cuantos que se aprovechan y lucen mal lo que sea que sea nuestra idiosincrasia, yo me acuerdo de tantas familias que se quedan con la soga al cuello y que rechazan esa bandera por aquellos a los que me refiero, aun sintiéndola suya, por constitucional y por representar un paso histórico adelante de nuestra sociedad. "Yo soy de los and aluces que al traje de luces, el caballo y la copla le tienen puesta la cruz porque es el símbolo andaluz de la derrota". Menos Cayetanos con privilegios y más currelas a pié del cañón, de los que no tienen nada que ensalzar, porque ya lo hacen día a día, sobreviviendo y aguantando sobre sus espaldas este país de entendidos a boca abierta (y de herederos de las prebendas de un negro pasado, el nuestro). En mi confusa y sofocante adolescencia, presté atención a eso de la necesidad de generar apego a lo mío, a lo que simbólicamente podría compartir con los q...