Reseteo de aplicaciones básicas

Me odian pero me temen, decía Javier Ibarra en sus líneas de Yemen. Esas que recogían un nuevo exitoso intento del maestro de lograr la perfección. Como en su caso, se halla cerca de unos pocos y lejos de la mayoría de nosotros. ¿Acaso no lo has deseado? ¿Cien mil veces frustrado en todos los intentos de lograrlo, no? No nos exigimos tanto como aquello que necesita lo que deseamos, queremos y podemos, mas realmente no queremos, creo. Ascetas sin saberlo, creemos ser melómanos de lo bien hecho, aunque erremos hasta sin merecerlo, ya que, para nosotros, somos perfectos. Es por esto que cito al señor Ibarra al comienzo de este párrafo, porque es lo que somos, mera contradicción.

Exigimos a la suerte que nos sonría, pero pocos favores le hacemos dado nuestro penoso sino, ese fin del camino diario hasta llegar al abrazo de las sábanas en el cual echamos la vista atrás y nos conformamos, aceptamos haber hecho lo que estaba en nuestra mano, sin aprender de lo que nos dicen los que en nuestro camino se hallan. Los que nunca se van. Esos que flirtean con olvidarnos dada nuestra soberbia. No somos perfectos. Mucho menos lo son ellos ¿no?

Aun más flagrante es el alimento del ego que tinta nuestros actuales días. Optamos por proyecciones del yo supuesto, maldito universo online que ha llegado hasta las más tiernas mentes, las que no querían mirar a la gente, y ahora lo hacen a través de un cristal sobre tecnología que abre caminos a dibujar una imagen del yo que no es real, menos para nosotros mismos. Porque ellos lo saben. No somos para tanto.

El escenario es vacuo, gripado por el soslayo de estar conformes con nosotros, pero nos odiamos y por eso nos huimos. Los grandes retos de pisar otras tierras o alcanzar el sumum de la belleza es la nueva perfección, más mundana, y aun más falsa. Hemos perdido la oportunidad de reafirmarnos con aceptar que no somos perfectos pero podemos parecerlo, qué alivio.

Ahí y entonces, desmontémonos, deshagámonos y bailemos, sin mirar adelante, construyendo algo que entonces, en un tiempo, no se caiga. Ama tu simple imperfección y elígete a tí. Es mejor. No es una derrota.

Amemos más al tiempo, al tic tac de ahora, y a nosotros, a lo que somos. Nunca aquello que queremos ser porque, desde luego, dejaremos de serlo, nosotros, imperfectos y felices, sin miradas ajenas.

Pensadlo.

KASE.O - YEMEN (Prod. EL ARKEOLOGO):

https://www.youtube.com/watch?v=YGICYKnIm2A


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